Ensayando algo nuevo con Mariana

Después de algunos meses de casada, sentí la necesidad de probar algo nuevo: quería tener sexo lésbico…
Víctor era un amante increíble, mas yo precisaba experimentar las caricias y los besos de otra mujer sobre mi cuerpo.
Todavía no me había rencontrado con Helena, mi compañera de la escuela secundaria, de quien sabía era positivamente bisexual.
Por último conocí a Mariana, una muy hermosa morocha de ojos almendrados, un cuerpo torneado y perfecto que contradecía sus casi cuarenta años...

Mariana llevaba un buen tiempo divorciada, debido a que su marido la había encontrado en su propia cama enmarañada con otra amiga…
Nos conocimos en el gimnasio. Mas no siempre la encontraba, ya que mis horarios por entonces eran un poco complicados. En cambio ella tenía su rutina: iba a ejercitarse temprano por la mañana, luego de dejar a los chicos en el instituto. Entonces retornaba a su casa para los quehaceres domésticos y recién por la tarde atendía en su consultorio de médica.
No tardé un buen tiempo en revisar que ella asimismo me miraba con ojos golosos; como yo siempre lo he hecho con otros hombres. Por entonces apenas nos saludábamos, mas cuando decidí que ella sería una buena experiencia lésbica, comencé a buscar temas de conversación…

Una mañana llegué tarde y hallé a Mariana enfrascada en su rutina de ejercicios. Al terminar noté que se hallaba algo deprimida y me confesó que andaba con algunos problemas, con lo que me ofrecí para escucharla.
La invité a mi casa para poder dialogar apacibles y con más amedrentad.
Nos sentamos en el living a tomar café; las dos todavía llevábamos puestas las calzas ajustadas y remeras de algodón. Nos quitamos solamente las zapatillas para estar más cómodas.

Me contó cosas realmente personales; lo que más la angustiaba era la relación con su ex- marido, pues el hijo de puta se había levantado a la mejor amiga de Mariana y andaba pavoneándose con ella por todas partes. videos porno infiles hd Eso naturalmente había arruinado su amistad con esa perra desleal. Mas Mariana se deprimía porque había pasado muchos años con esa mujer, que de manera casual había sido su pareja, ya que esta perra en cuestión asimismo era bisexual. Y todo ello era demasiado para mi nueva amiga.
Me confesó que ella tenía necesidades, pero no encontraba con quién descargarse. La vi frágil y me animé a hacer mi primer movimiento. Apoyé sobre su muslo mi mano y empecé a acariciarla, mientras que la miraba a los ojos. Al ver que ella no se movía ni rechazaba mis caricias, me animé a más: Me incliné hacia ella y la besé en los labios cerrados. Al comienzo no respondió, pero de pronto abrió su boca y su lengua se entrelazó con la mía, dándonos un beso profundo que me hizo humectar la concha…

Comencé entonces a acariciar su cuerpo, su cintura, entonces sus largas piernas y finalmente mis dedos vencieron la resistencia de sus calzas y llegaron a sus labios vaginales. Acaricié su clítoris, mientras que sentía que Mariana asimismo comenzaba a humectarse con mis caricias…

Rompimos el beso y saqué mi mano de su entrepierna, conduciendo a Mariana al dormitorio. La empujé sobre la cama, donde quedó recostada boca arriba y me recosté sobre ella para proseguir besándola, mientras mis manos proseguían recorriendo cada centímetro de su cuerpo.
Nos desnudamos y yo comencé a lamer sus pezones, que estaban bien erectos; mientras que, mis dedos siguieron masturbándola, acariciando esa preciosa concha por un buen rato, con mi pulgar frotando su clítoris, al tiempo que con mis dedos penetraba esa vagina completamente mojada. El placer que le estaba dando a Mariana, daba la sensación de que la iba a matar, su cuerpo se retorcía y tremía estremeciéndose poco a poco más y más.
En un momento sus chillidos me dieron la impresión que estaba por acabar y decidí que deseaba que me acabara en mi cara; con lo que bajé entre sus muslos y hundí mi rostro entre sus dilatados labios vaginales.

Empecé a penetrar su vagina con mi lengua, mientras mis dedos jugaban con su clítoris. Sentí su cuerpo conmocionar, chilló y acabó sobre mi boca.
Mariana quedó agotadísima, respiraba y jadeaba de forma profunda, mientras sus ojos miraban el techo, su cuerpo estaba absolutamente laxo…
Le limpie con mi boca sus labios vaginales y después nos quedamos un rato abrazadas sobre la cama, besándonos y acariciándonos de
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